TORRE DE PAPEL
Por:Johnson Ortiz Parra
LA COLUMNA DE ALBERTO DONADIO
Estupor, asombro y revuelo en el mundo político colombiano, causó la columna del periodista Alberto Donadío contra el ex presidente Virgilio Barco Vargas.
Una columna periodística carente de una rigurosa investigación, carente de testimonios fijos, concretos y demostrables que lo único que hace es crear un manto de dudas contra una persona que no puede defenderse.
Para el suscrito, quien ejerció como jefe de oficina dentro de la Secretaría de Información y Prensa de la Presidencia de la República y como periodista acompañante del expresidente en hechos que enlutaron al país como el secuestro de Andrés Pastrana, el magnicidio del Dr Pardo Leal y del periplo por USA, Korea, Filipinas y China, el trabajo respetable del profesor Donadío, no deja de ser una opinión de algo que pudo haber sucedido.
Como testigo presencial y testigo directo de esos acontecimientos, al lado del expresidente Barco Vargas, debo expresar que es muy difícil creer o considerar que el Jefe de Estado fue directa o indirectamente el ordenador de la muerte de los integrantes de la UP.
Y lo es porque como testigo presencial, dentro del despacho del Presidente, observé y escuche de boca del Jefe de Estado, su molestia y el rechazo expresado ante el entonces ministro de Defensa, el general Rafael Samudio, a quien increpó por su ofensiva de muerte contra la guerrilla de las Farc.
Molesto y con firmeza le exigió a Samudio no no atacará a los alzados en armas porque no quería llevar al traste el proceso de Paz. "No quiero que ataque a la guerrilla", le reitero a su mindefensa, quien atinó a guardar silencio. Como testigo de excepción, sentí pena ajena por la llamada de atención que con dureza expresó el Presidente de la República.
Igual sensibilidad el Dr Barco demostró con la muerte del ex candidato presidencial de la UP y de los integrantes de ese partido. En conversación en una de tantas noches que me tocó acompañar en espera de medidas de orden público me expresó su inmensa preocupación por esos hechos y su deseo por blindar con seguridad a ese partido.
Tuvimos oportunidad, incluso de tratar muchos temas que afectaban el país, cuando hacíamos tránsito entre Wichita (Base militar de USA) y la ciudad de Anchorage en Alaska.
Ante esa sensibilidad, el querer la paz para el país, demostrada también en la noche del secuestro de Andrés Pastrana, sus órdenes de abordarlo a cualquier hora de la madrugada por sí llamaba o llegaba a Palacio Misael Pastrana, ( lo que nunca sucedió), cabe preguntar : pudo Barco, directa o indirectamente ordenar o propiciar la muerte o un genocidio contra la UP? Era esa la política militar del Estado cuando buscaba cumplir con un proceso de Paz, ya firmado y en ejecución?
No quiero jugar al papel de abogado, pero si debo decir que la columna del colega Donadío, es especulativa, carece de cifras, no tiene datos concretos y crea un manto de dudas que agrega una mancha más a la institucionalidad del país.
Escribir sobre supuestos, al no encontrar documentos o archivos. Mucho más grave. Máxime que si en mi paso por Palacio no figura mi hoja de vida, ni hay registro de devolución que hice de viatico en dólares, no recibo de pagos de viaje comercial entre Seúl, Japón, los Angeles, Bogotá, menos van a encontrar la contratación de un espía asesino de Israel o el plan de genocidio contra la UP. Así como yo, Eitan, también es un fantasma en el Palacio de Nariño.
Sobre este tema, es menester que el ex ministro de gobierno de Barco, el hoy ex presidente de la República, César Gaviria, el ex consejero de paz, Rafael Pardo y su también ex canciller, Rodrigo Pardo García-Peña, expresen su posición del gobierno del que hicieron parte. Todos ellos, incluso Enrique Peña losa, deben aportar luces para aclarar la denuncia de exterminio de la UP.
Quienes tuvimos participación directa en hechos que afectaron y afectan aún al país, nos debemos para tratar de preservar la verdad.
Como periodista jefe de oficina de la secretaria de Información y Prensa, que por razón de trabajo me tocó vivir durante mi labor en Palacio de Nariño, plasmo mi experiencia de testigo presencial de noches aciagas para el país.
Barco, a pesar de su carácter norte santandereano, era en el fondo afable, conversador, amigable, hasta el punto de haberme pasado su brazo por encima de mi hombro, una noche cuando hablamos de temas intrascendentes como su amor por el Cúcuta deportivo, sus gustos y sus propósitos por hacer una excelente presidencia.
Incluso, hablamos de su reacción frente a los micrófonos y las cámaras de televisión. Y como veterano en la producción de radio, le aconseje utilizar las herramientas prácticas para el manejo de la vocalización de palabras de difícil vocalización.
También hablamos de la relación entre él y los congresistas, de quienes me afirmó, no lo querían.
Por esas consideraciones, la cercanía al Jefe de Estado y las experiencias vividas dentro, dejó esos testimonios para que se haga justicia, con un ser humano que ya no puede defenderse y a quien hasta la columna periodística, era, relativamente uno de los presidentes, reconocidos por su templanza, y su honestidad como estadista.
Me rehuso a creer que ante la sensibilidad de Barco Vargas, hubo un lado oscuro en la personalidad de alguien tan centrado y concreto.
En próxima columna por este blog y por ECO 92.1 FM RADIO CAPITAL, trataré como tema, la gestión del Alcalde de Pereira, Carlos Alberto Maya.